13 de septiembre.

Trabajan como hormiguitas silenciosas todos los días. Son ágiles, dinámicos, preocupados de los detalles y su presencia es casi imperceptible por los turistas y visitantes. Su trabajo consiste en algo trascendental que nadie más ve, pero que exigen; mantener un espacio de excelencia, pulcro, reluciente y radiante siempre, al más puro estilo europeo. Y es que ese es también nuestro compromiso, para ello nos hemos esforzado en tener a los mejores trabajando con nosotros y no nos hemos equivocado, ofrecemos en cada encuentro, una experiencia única con lo mejor de nuestro Chile Patrimonial.

Llegan al alba y se van cuando casi no hay presencia de otros en el lugar. Además de la limpieza, el cuidado por cada pieza expuesta en el museo y de recrear la vida al año 1879, se encargan de encender todos los equipos de sonido, audios e iluminación del Museo Corbeta Esmeralda que están presentes en el recorrido histórico y son parte fundamental del relato; sonidos del mar y el crujir del maderamen y las espías entre otras sorpresas que, si aún no ha venido, les aseguramos, les van gustar.

Claudio Solis, José Luis Mora, Leonardo Cabezas, Jonattan Reyes y Patricia García conforman este equipo de excelencia, el de Mantención. Su espíritu de trabajo y servicio es digno de distinción, ya que su entrega generosa está a prueba de todo, superando con creces las expectativas. Los que tenemos el privilegio de verlos, conocerlos y compartir con ellos en su sala taller, viendo cómo restauran, investigan y crean nuevos objetos de la época para ser incorporados al Museo, nos emocionamos y enorgullecemos, aplaudiéndolos públicamente. Les apasiona su trabajo, se esfuerzan el doble de lo encomendado, porque por sus venas corre el amor por el mar, por la cultura y por supuesto, por nuestro héroe Arturo Prat, dignificando su labor, dándole sentido.

Patricia García, es la única mujer de este equipo de fuertes y valientes hombres. Partió en el Museo como part time, hasta que con su alegría y entusiasmo, con la perseverancia que la caracteriza y muchas ganas, logró ganarse un lugar permanente. Defiende como leona a su equipo, es dulce y honesta como una mamá con ellos, carismática, se hace notar por su constante preocupación de los detalles más finos como sólo una mujer puede hacerlo; transmite femeneidad en todo lo que hace, por más que a ratos tenga un trabajo más duro y pesado que realizar, a la par con sus compañeros, ella lo asume orgullosa. Lleva más de un año en el Museo y comenta que está feliz, que siente un profundo sentido de pertenencia, de familia, al ser parte de un equipo humano muy rico. “Me he sentido muy agradecida, acogida y querida. Estoy muy feliz de tener estos compañeros de trabajo, entre todos y no sólo con la gente de mantención, para nada, aquí entre todos somos bien unidos y nos queremos harto. Trabajamos con cariño, creo que esa es la clave”, comenta la TíaPati, como cariñosamente la llaman todos.

Cuando se asoman los primeros rayos de sol, a eso de las 7:30 de la mañana empiezan a llegar al Museo. Su horario es a las 8 de la mañana, pero les gusta madrugar comenzar con tiempo con las tareas encargadas. Concuerdan y todos recuerdan los primeros meses de trabajo, como un tiempo de mucho esfuerzo por mantenerlo limpio e impecable, haciéndolo notar. Al llegar cada mañana se encontraban con muchas basuras, colillas de cigarro, comida, ropa y distintos elemento inadecuados en la pileta de agua cristalina que sostiene al Museo. También mugres de pájaros, los que sin distinción dejaban sucio a cualquier hora del día. Una y otra vez en cualquier rincón. Pues ahí estaban ellos, silenciosamente limpiando, ordenando, ahuyentando a los pájaros hasta dejar todo limpio para recibir a las visitas, hasta ahora, que ya se implementó un sistema automático que los espanta para que no aparezcan ni ronden cerca. Todo esto, en completo orden, silencio y cuidado. Nunca un turista o visitante se enteró de estos sucesos cotidianos, desagradables con los que ellos deben liderar a diario.

Hoy los iquiqueños, turistas y visitantes han tomado mayor conciencia del cuidado y la importancia que tiene un Museo limpio y sin disturbios, porque es Chile es de todos y para ello, hay que generar conciencia, mientras tanto, este equipo humano de lujo, andan como un radar buscando qué limpiar, qué mejorar, qué embellecer. “No nos amedrenta lo que vemos, todo lo contrario. Si vemos suciedad, limpiaremos con todo gusto, porque si tenemos un museo de excelencia mundial, la gente exige mucho que así sea, pero a veces no coopera. Nos ha tocado hasta sacar chiclees, botellas, manos marcadas, rayas de lápices, etc. Cada vez menos, pero es triste encontrarse con estas sorpresas. Es un problema, cultural. Entonces nosotros nos ponemos por sobre eso, “si alguien ensució, vamos de inmediato a limpiar, a pintar, lo que sea…” enfatizan.

 

 

Líderes en tierra y en el mar.

Antes de comenzar el día y una vez que toda la dotación está lista para empezar el trabajo, el director del Museo, Andrés Contador se reúne con todos los Jefes de Sección y Encargada de Reservas, entregando la pauta y los objetivos a seguir de la semana y específicamente del día. En dichos encuentros participa el jefe de mantención, Claudio Solis, quien luego se encarga de hablar con su equipo y transmitir lo que se conversó en la reunión y comenta lo que hay para el día y lo que esperan que se cumpla específicamente en el día. “En esa reunión revisamos el día, vemos qué tal se están cumpliendo las labores diarias, las cosas que son prioridad, luego vamos haciendo las cosas que van surgiendo en el camino, que son miles, pero lo primero es que esté limpio el buque, hay otras maniobras que requieren más trabajo, que son de larga duración y esas se van haciendo en la semana o los días lunes, que son días donde no hay vistas y ahí aprovechamos de hacer todo lo que nos faltó, porque las podemos hacer con más tiempo para no obstaculizar los tours y a la gente que viene de visita, para no ser molestia para nadie” defiende Solis.

Claudio Solis es el Jefe del Área de Mantención y su historia ligada al buque y al amor por este Museo se gestó hace muchos años atrás, cuando comenzó su carrera. Claudio fue marino, estuvo embarcado en la Esmeralda 8 veces y una vez en tierra y retirado de la Armada de Chile, se presentó ante él la posibilidad de ser parte de la dotación del Museo Corbeta Esmeralda y no lo dudó ni un instante. “Me tocó participar desde la creación del buque, desde los primeros días del ante proyecto, luego estuve junto a otros armando el buque, lo que con mi experiencia embarcado en la Esmeralda tantas veces ayudó e hizo más fácil la tarea; de la cubierta hacia arriba, los palos, las cuerdas, sumar cuántas cuerdas había, pensando en hacerlo exacto, investigando mucho, hasta que quedó así, magnífico. Después y una vez terminado, la Corporación Patrimonio Marítimo me contrató para estar a cargo y ser Jefe de Mantención. Estoy feliz, este es el culmine de mi carrera, no hay otro lugar donde yo quisiera estar que no sea éste. Veo al equipo y los veo absolutamente compenetrados con la tarea, con los ideales que nos inculcan a nosotros en la Institución, esto es gratificante.”

Tienen entre los rincones del majestuoso Museo un taller invisible para los visitantes desde donde dan vida al Museo, desde donde conforman el motor y alma de lo que vemos. Nadie podría notarlo, nadie podría pensar que tras esa puerta hay un espacio de realidad, modernidad y de pleno siglo XXI, donde este equipo de cinco personas trabajan para dejarlo cada vez más hermoso, buscando elementos antiguos, restaurando, barnizando, lijando, pintando, decorando, investigando y estudiando para darle mayor realidad a los espacios visibles. Se percibe el orgullo y la emoción de cada uno de ellos cuando caminan cerca de alguna de sus creaciones y restauraciones o si es que escuchan al pasar, elogios de visitantes amables que los felicitan… Porque siendo muy objetivos, esta obra patrimonial histórica, es sin lugar a dudas la construcción más importante que ha se ha construido para la celebración del Bicentenario del país y como tal, hay que mantener en alto los ideales y la tarea de ser y parecer lo que efectivamente ofrecemos.

Agradecimiento especial.

Entre las personas que participaron en la creación del Museo, hubo alrededor de 30 hombres externos que vinieron a colaborar con nosotros. La mayoría de ellos marinos activos, de las distintas reparticiones navales, que dada su experiencia en el mar y en la Institución, específicamente en buques, podían auxiliar con mayor expertiz en la creación y fabricación de esta obra imponente, el Museo Corbeta Esmeralda. A ellos, a todos los que se la jugaron al mil por ciento para que nuestro Museo estuviera terminado a tiempo, va este agradecimiento. Se les agradece y se les recuerda con todo cariño, dado su entusiasmo y entrega desinteresada que pusieron en él siempre y en todo momento. Hicieron un gran equipo de trabajo, ver el Museo ahora y recordar su génesis es simplemente un orgullo y ha significado para toda esta dotación un honor conocerlos, un honor haber trabajado juntos, logrando esto tan impresionante y mágico para quienes nos visitan.

Sin lugar a dudas un Museo como el nuestro no sólo se sustenta en buenas ideas, perfecta administración, excelentes guías y relatos con contenido y distinción. Para nosotros la labor que realizan estos cinco compañeros es verdaderamente básica e importantísima. El hecho de ser reconocidos a nivel nacional e internacional como uno de los Museo más bien logrados y mantenidos en aseo, limpieza y cuidado, es para nosotros no sólo un gran orgullo, sino una tarea enorme. Contamos con su esfuerzo y entrega, reconocemos lo que hacen y cuánto se esfuerzan por conseguirlos. A todos ellos, muchas gracias. Queremos seguir trabajando para eso, buscaremos siempre que todos sientan el privilegio que sentimos nosotros al ser parte de esto.

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