9 de enero

Desde el 30 de diciembre se pueden apreciar las replicas de las hachas de abordaje que se exhiben en el exterior de la cocina de oficiales, caserío ubicado en la cubierta de cañones.

Según explica el director del museo, Andrés Contador, “hasta prácticamente el último tercio del siglo XIX, que marcó el ocaso de los veleros como buques de guerra de primera línea, el abordaje era una táctica naval plenamente vigente, por lo que existía para ello procedimientos claramente definidos y armas especiales. Debido a los cortos alcances de los cañones, ubicados generalmente en las bandas por lo que los buques combatían “de costado”, la distancia entre las naves enemigas era relativamente corta; a eso se sumaba también la intención, dentro de lo posible, de capturar al otro buque como presa, lo que derivó en que se diseñaran artificios para poder afirmar y abordar al enemigo”.

Agrega que “como forma de afianzar los buques al costado, se usaban “rezones” que eran ganchos o garfios en forma de anclas, pero mayor número de brazos, los que iban a su vez hechos firmes a sendas cuerdas que eran atadas al buque propio, inmovilizando al enemigo”.

“De esta manera, para dotar a las partidas de abordaje, se usaban “sables” y “hachas de abordaje” y finalmente para repeler los abordajes, se usaban las mismas hachas para cortar las líneas de los rezones enemigos y las “picas” o “chuzos” de abordaje”.

De lo anterior se desprende que estas acciones y el uso de este tipo de armas, eran una práctica habitual, donde se dedicaban largas horas a su perfeccionamiento. Y en este punto Andrés Contador aclara que “los dos intentos fallidos de abordaje de la heroica dotación de la Corbeta Esmeralda el 21 de mayo de 1879, no deben asumirse como una táctica desesperada ni una acción impulsiva, porque el abordaje, que había sido practicado por la dotación del buque, era prácticamente la única opción viable para haber sido capaces de cambiar el curso de ese combate, intentando la captura del Huáscar”.

Las réplicas de 5 hachas de abordaje incorporadas, se suman a las otras armas ya en exhibición, como las réplicas de fusiles Comblain II y los mencionados sables de abordaje. Estas réplicas, copias exactas de las originales, tienen una longitud de 60 cms y un peso aproximado de 2 kilos. Estas armas, al igual que las anteriores, también fueron manufacturadas por el conocido armero argentino Osvaldo Gatto, en su taller de la ciudad de Rosario y destacan por su fidelidad y realismo.

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