26 de diciembre

Loreto y María José son dos gatitas que ya han pasado a formar parte de la tripulación del museo, encantando a los visitantes con sus divertidas e inesperadas apariciones en los rincones del buque.

La historia de estas felinas, comienza desde que se iniciaron las obras para la construcción del museo. Su madre, llegó a instalarse cuando la Esmeralda recién empezaba a tomar forma de buque, recibiendo el cariño de quienes trabajaban a diario en este proyecto.

Así lo cuenta Andrés Contador, director del museo, recordando que “esta gata tenía una personalidad bastante peculiar. Cuando llegó supo ganarse la simpatía y el afecto de muchos. Al poco tiempo descubrimos que estaba preñada, lo que en un principio nos tuvo complicados, pero finalmente ella se buscó un sitio alejado y donde no molestaba a nadie en sus faenas para tener a sus crías”.

Y de éstas fueron dos las que se quedaron viviendo en el museo junto a su madre, quien lamentablemente sufrió un accidente y murió cuando estaba siendo intervenida en una clínica veterinaria de Iquique.

Loreto y María José hoy están grandes y recorren el buque como si éste fuera su casa. A veces aparecen desde dentro de los baldes, tras los cañones o en la Toldilla. Se pasean en silencio por todos los rincones de la embarcación, como si estuvieran reviviendo la antigua tradición utilizada por buques de guerra, que llevaban a bordo gatos, no sólo para combatir las plagas de roedores, sino que también porque representaban una suerte de amuleto y distraían a la tripulación con sus ocurrencias.

Para Andrés Contador, “Loreto y María José ya pasaron a ser parte de la dotación de la Esmeralda, porque han sabido ganarse el corazón de todo el personal que trabaja en el museo y también mantienen el buque libre de cualquier otro animal que no es bienvenido.

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